El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Dios te salve, María...
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...
Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Oración:
Infunde, Señor tu gracia en nuestros corazones para que cuantos, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz lleguemos a la gloria de su resurrección.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo...
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo...
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo...
¡Dios Uno y Trino Omnipotente y Eterno! Antes de suplicar a tus siervos los santos Ángeles, nos postramos ante Ti, y te adoramos Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Bendito y alabado seas por toda la eternidad, y que todos los Ángeles y hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, oh Dios Santo, Fuerte e Inmortal! Y tú, María, Reina de todos los Ángeles, acepta benigna las súplicas que dirigimos a tus siervos y preséntalas ante el trono del Altísimo, tú que eres la omnipotencia suplicante, la medianera de las gracias, a fin de que obtengamos gracia, salvación y auxilio. Amén.
Poderosos santos Ángeles, que nos fueron concedidos por Dios para nuestra protección y auxilio, les suplicamos en el nombre de Dios Uno y Trino: ¡Dense prisa en socorrernos!
Les suplicamos en nombre de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo:
Les suplicamos por el poderosísimo nombre de Jesús:
Les suplicamos por las llagas de nuestro Señor Jesucristo:
Les suplicamos por todos los martirios de nuestro Señor Jesucristo:
Les suplicamos por la santa Palabra de Dios:
Les suplicamos por el Corazón de nuestro Señor Jesucristo:
Les suplicamos en nombre del Amor de Dios por nosotros, pobres pecadores:
Les suplicamos en nombre de la Fidelidad de Dios con nosotros, pobres pecadores:
Les suplicamos en nombre de la Misericordia de Dios con nosotros, pobres pecadores:
Les suplicamos en nombre de María, Madre de Dios y Madre nuestra:
Les suplicamos en nombre de María, Reina del Cielo y de la Tierra:
Les suplicamos en nombre de María, su Reina y Señora:
Les suplicamos por su propia bienaventuranza:
Les suplicamos por su propia fidelidad:
Les suplicamos por su propio combate por el Reino de Dios:
Les suplicamos: ¡Cúbrannos con su escudo!
Les suplicamos: ¡Protéjannos con su espada!
Les suplicamos: ¡Ilumínennos con su luz!
Les suplicamos: ¡Sálvennos bajo el Manto protector de María!
Les suplicamos: ¡Guárdennos en el Corazón de María!
Les suplicamos: ¡Confíennos en las manos de María!
Les suplicamos: ¡Muéstrennos el camino que conduce a la puerta de la vida: el Corazón abierto de nuestro Señor!
Les suplicamos: ¡Guíennos seguros a la Casa del Padre Celestial!
Ustedes, los nueve coros de los Espíritus Bienaventurados: ¡Dense prisa en socorrernos!
Ustedes especiales compañeros que Dios nos ha dado:
¡Apresúrense, socórrannos, les suplicamos! La Sangre preciosísima de nuestro Señor y Rey fue derramada por nosotros, pobres pecadores: ¡Apresúrense, socórrannos, les suplicamos!
El Corazón de nuestro Señor y Rey palpita de Amor por nosotros, pobres pecadores: El Corazón Inmaculado de María, la Virgen Purísima, vuestra Reina, palpita de amor por nosotros, pobres pecadores:
San Miguel Arcángel, tú, príncipe de los ejércitos celestiales, vencedor del dragón infernal, recibiste de Dios la fuerza y el poder para aniquilar, mediante la humildad, la soberbia de los poderes de las tinieblas. Te suplicamos nos ayudes a tener una verdadera humildad de corazón, una fidelidad inquebrantable para cumplir siempre la Voluntad de Dios y la fortaleza en el sufrimiento y en la penuria. Socórrenos para que no desfallezcamos ante el tribunal de Dios.
San Gabriel Arcángel, tú, Ángel de la Encarnación, mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos también a las suaves exhortaciones y llamadas del Corazón amoroso de nuestro Señor. Te suplicamos que estés siempre delante de nuestros ojos para que comprendamos bien la Palabra de Dios, la sigamos, la obedezcamos y cumplamos lo que Dios quiere de nosotros. Ayúdanos para que alcancemos una vigilante disponibilidad de modo que cuando llegue el Señor no nos encuentre dormidos.
San Rafael Arcángel, tú, flecha de amor y remedio del Amor de Dios, te suplicamos, hiere nuestro corazón con el Amor ardiente de Dios y haz que esta herida nunca se cure de modo que en la vida cotidiana también vayamos siempre por el camino del amor y en todo venzamos a través del amor.
Socórrannos, poderosos hermanos santos, compañeros nuestros en el servicio ante Dios. Defiéndannos de nosotros mismos, de nuestra propia cobardía y tibieza, de nuestro egoísmo y avaricia, de nuestra envidia y desconfianza, de nuestro afán de riqueza, de nuestro bienestar y de ser admirados. Desátennos de las ataduras del pecado y del apego a las cosas terrenas.
Quítennos de los ojos la venda que nosotros mismos nos hemos puesto, para no tener que ver las necesidades de los que nos rodean y poder así tranquilamente contemplarnos y compadecernos de nosotros mismos. Hieran nuestro corazón con la santa inquietud por Dios para que no cesemos de buscarlo con anhelo, contrición y amor. Contemplen la Sangre de nuestro Señor, derramada por nuestra causa. Contemplen las lágrimas de su Reina, lloradas por nuestra causa. Contemplen en nosotros la imagen de Dios que Él imprimió amorosamente en nuestra alma y que ahora se encuentra desfigurada por nuestros pecados. ¡Ayúdennos a conocer y a adorar a Dios, a amarlo y a servirlo! Ayúdennos en el combate contra los poderes de las tinieblas que nos acechan y asedian furtivamente. ¡Ayúdennos para que ninguno de nosotros se pierda y un día estemos reunidos jubilosamente en la eterna bienaventuranza! Amén.
Durante la novena rezamos por la mañana la Súplica ardiente y durante el día invocamos muchas veces a los Santos Ángeles.
San Miguel, asístenos con tus Ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!
San Gabriel, asístenos con tus Ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!
San Rafael, asístenos con tus Ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!
¡Oh Jesús! Manso y humilde de corazón, escúchame:
Del deseo de ser estimado, líbrame Jesús.
Del deseo de ser amado,
Del deseo de ser ensalzado,
Del deseo de ser honrado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser preferido,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aprobado,
Del temor de ser humillado, líbrame Jesus.
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser reprendido,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser ridiculizado,
Del temor de la injusticia,
Del temor de ser sospechado,
Que los demás sean más amados que yo, concédeme la gracia de desearlo.
Que los demás sean más estimados que yo,
Que en la opinión del mundo otros sean engrandecidos y yo humillado,
Que los demás sean preferidos y yo abandonado,
Que los demás sean alabados y yo menospreciado,
Que los demás sean elegidos en vez de mí en todo,
Que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente,
Ave María, blanco Lirio de la Gloriosa y siempre serena Trinidad. Salve brillante Rosa del Jardín de los deleites celestiales. ¡Oh Vos, de quien Dios quiso nacer en este mundo y de cuya leche el Rey del Cielo quiso ser nutrido! ¡Alimentad nuestras almas con las efusiones de las gracias divinas! Amén.
Eterno Padre, te ofrezco la preciosísima Sangre de tu Divino Hijo en unión con todas las Misas celebradas hoy en todo el mundo por todas las santas almas del Purgatorio, por todas las almas de todo el mundo, por los pecadores de la Iglesia Católica, por aquellos que están en mi hogar y en mi familia. Amén.
Dios eterno y omnipotente que destinaste a cada nación a su Ángel de la Guarda, concede que por la intercesión y patrocinio del Ángel de la Argentina seamos liberados de todas las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor, Amén.
Señor Jesucristo, Hijo del Padre, envía ahora tu Santo Espíritu sobre la faz de la Tierra. Haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos para que sean liberados de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Que la Madre de todos los Pueblos, la Santísima Virgen María, sea nuestra Abogada. Amén.
¡Oh Jesús!
Te ruego por tus fieles y fervorosos sacerdotes,
por tus sacerdotes tibios e infieles,
por tus sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones,
por tus sacerdotes que sufren tentación;
por tus sacerdotes que sufren soledad y desolación,
por tus jóvenes sacerdotes,
por tus sacerdotes ancianos,
por tus sacerdotes enfermos,
por tus sacerdotes agonizantes,
por los que padecen en el Purgatorio;
pero sobre todo te encomiendo a los sacerdotes que me son más queridos,
al sacerdote que me bautizó,
a quienes me absolvieron de mis pecados,
a los sacerdotes a cuyas Misas he asistido y que me dieron tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión,
a los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron,
me alentaron y aconsejaron,
a todos los sacerdotes a quienes me liga una deuda de gratitud,
especialmente a …….
¡Oh Jesús, guárdalos a todos junto a tu Corazón y concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad! Amén
¡Oh Jesús!, Divino Pastor de las almas, que llamaste a los apóstoles para hacerlos pescadores de hombres: atrae hacia ti las almas ardientes y generosas de los jóvenes para hacerlos Tus seguidores y ministros.
Hazlos partícipes de tu sed de redención universal, por la cual renuevas tu Sacrificio sobre tus altares. Descúbreles el horizonte del mundo entero donde la silenciosa súplica de tantos hermanos pide la luz de la verdad y el calor del amor, para que respondiendo a tu llamado prolonguen aquí en la Tierra tu misión, edifiquen tu Cuerpo Místico, la Iglesia, y sean sal de la tierra y luz del mundo.
Extiende, Señor, tu llamado a muchas almas generosas e infúndeles el ansia de la perfección evangélica y de la entrega al servicio de la Iglesia. Amén.
Paulo VI
Piedad Dios mío por aquellos que blasfeman contra ti, perdónalos, ellos no saben lo que hacen.
Piedad Dios mío por el escándalo en el mundo, libéralos del espíritu de Satanás. Piedad Dios mío por aquellos que huyen de ti, dales el gusto por la Eucaristía.
Piedad Dios mío para que tu Reino llegue, pero salva almas, aún hay tiempo, porque el tiempo es próximo y Yo ya vengo. Amén.
¡Ven Señor Jesús!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén
Sagrado Corazón de Jesús, En Vos Confío.
Inmaculado Corazón de María, Sed la Salvación del Alma mía.
San José, Ruega por Nosotros.
Santa Julia, Ruega por Nosotros.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.
Dales Señor el descanso eterno, y brille sobre ellos la luz no tiene fin. Que todas las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén
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