La Santisima Virgen María a través de sus apariciones en Medjugorje nos pide a todos que ayunemos. Este ayuno consiste en:
- Sustituir las 3 o 4 comidas habituales por pan y agua.
- Comenzar el ayuno al levantarse y terminarlo con la primera comida del día siguiente.
- Ayunar todos los miércoles y viernes.
El ayuno del cuerpo libera al hombre de las pasiones, de los miedos, de las inseguridades, etc., para proveer al espíritu de alegría, paz y amor.
En sus mensajes La Virgen le da mucha importancia al ayuno:
«Con el ayuno y las oraciones se pueden detener las guerras y hasta suspender las leyes de la naturaleza. La caridad no puede sustituir el ayuno. Aquellos que no pueden ayunar pueden ofrecer la oración, la caridad y una confesión. Todos, sin embargo, excepto los enfermos, deben ayunar.»(21/7/1981)
«¡Queridos hijos! Hoy os invito a renovar la oración y el ayuno, aún con mayor entusiasmo, hasta que la oración se convierta en alegría para vosotros. Hijos míos, quien ora no teme el futuro, y quien ayuna no teme el mal. Os lo repito una vez más: únicamente con la oración y el ayuno pueden también detenerse las guerras…”(25/01/2001)
“¡Queridos hijos! Os quiero agradecer de corazón vuestras renuncias cuaresmales. Deseo animaros para que continuéis viviendo el ayuno con un corazón abierto. Hijitos, con el ayuno y la renuncia, seréis más fuertes en la fe…”(25/03/2007)
«El ayuno ha sido olvidado en el último cuarto de siglo en el seno de la Iglesia Católica»(5 -1984)
“Haced penitencia, renunciad, sacrificaos por vosotros mismos, por vuestra salvación y por la salvación de los hermanos y hermanas. En este sentido, el ayuno es un don, una gracia que cada persona puede recibir de Dios. Fue y sigue siendo la ayuda más segura para encontrar la paz del corazón, la paz en la familia, para librarse de toda adicción y toda esclavitud. El ayuno todavía se percibe como el medio más seguro para que el hombre vuelva a Dios, de quien se apartó. El ayuno nos ayuda a enfrentarnos con nosotros mismos, con todos nuestros lados oscuros: fallos, deficiencias, demandas y deseos pecaminosos… Ayunar es una experiencia en la lucha por la pureza de corazón. Ayunar nos ayuda a vivir siempre en la presencia de Dios y como reparación por los pecados y ofensas que hicimos a Dios y al prójimo”. [Glasnik Mira, nº 8 ]
“Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento.”
— Libro de Joel 2:12
“Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches…”
—Mateo 4:2
“Mientras celebraban el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo…”
— Hechos 13:2
“Entonces, después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.”
— Hechos 13:3
“El ayuno es el arma de protección contra los demonios.”
— San Basilio el Grande
“El ayuno purifica el alma, eleva la mente y somete la carne al espíritu.”
— San Agustín de Hipona
“El ayuno es el comienzo de toda vida espiritual.”
— San Juan Crisóstomo
Sor Emmanuel nos explica el poder que tiene nuestro ayuno y cómo puede ser usado para el bien de otros.
El padre Claudio Barbut describe los beneficios de realizar un ayuno prolongado de 40 días para sanar nuestro cuerpo y liberarnos de muchos vicios y pecados que nos dominan.
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